Proyectos y profesionales de Monsanto

Monsanto es una proveedora de productos químicos para la agricultura, en su mayoría herbicidas, insecticidas y transgénicos.
Entre sus productos más conocidos se encuentran el glifosato, bajo la marca Roundup, y el maíz genéticamente modificado.

La compañía genera polémicas alrededor del mundo, debido a múltiples denuncias sobre perjuicios a la salud, impactos ambientales negativos y el desconocimiento acerca de los efectos que podría producir la alteración genética de los alimentos.

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En nuestro interés por conocer mejor el ámbito que rodea a Monsanto, decidimos ponernos en contacto con dos profesionales de la multinacional, concertando entrevistas con ambos. Así, ellos nos podrían contar en primera persona su labor diaria y su opinión en cuanto al polémico tema de los transgénicos.

Contactamos con Carlos Vicente Alberto, director de la sostenibilidad de Monsanto para Europa y Oriente Medio, y con Susana, encargada de un proyecto sobre cultivos hortícolas en Almería.


ENTREVISTA A CARLOS VICENTE ALBERTO (14/12/2014)


ENTREVISTA A SUSANA (17/12/2014)

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P: ¿Qué estudió y cómo fue su trayectoria hasta llegar a trabajar a Monsanto?
R: Yo estudié Ingeniería de Agrónomos en la Universidad de Córdoba y, tras finalizar mi trabajo de investigación de fin de carrera, relacionado con hongos de plantas, en el departamento de patología vegetal, decidí hacer un doctorado en virus de plantas para poder tener un conocimiento más profundo y completo de la patología vegetal. Durante 5 años de doctorado en la Estación Experimental La Mayora del CSIC en Málaga, trabajé en el estudio de la “Estructura y diversidad genética de las poblaciones de begomovirus que causan la enfermedad del rizado amarillo del tomate”. Al terminar el doctorado me incorporé en una empresa de semillas “Enza Zaden” cómo fitopatóloga de pimiento, y finalmente, tras un periodo de dos años y medio decidí cambiarme a Monsanto para trabajar en el departamento de Patología cómo líder de proyectos de investigación en España.

P: ¿Podría decirnos algo sobre el proyecto qué este llevando a cabo?
R: Soy la responsable de investigación en Patología Vegetal en España. Nuestro objetivo final es dar apoyo a los mejoradores para poder desarrollar “productos o trajes a medida” y satisfacer así las demandas de los agricultores. Se investiga en la búsqueda de soluciones a las principales enfermedades que son factores limitantes para la producción de hortícolas en la cuenca mediterránea. Siendo España un centro de estratégico, ya que se dan las condiciones adecuadas para poder investigar enfermedades que son un gran problema en toda la cuenca mediterránea, como por ejemplo virosis transmitidas por insectos cómo la mosca blanca (Bemisia tabaci) en tomate, pepino, calabacín y melón. Además, el contacto directo que mantenemos con todos los miembros de la cadena (semilleros, agricultores, distribuidores, etc.) nos permite trabajar en los problemas emergentes para poder dar soluciones en el menor tiempo posible.
Monsanto cuenta en España con 13 programas de mejora genética en hortícolas. Desde el punto de vista de la investigación, España constituye un “centro de excelencia” (se dan las “condiciones para hacer el trabajo” de mejora en el campo y se tiene el “conocimiento” para ello) en la búsqueda de soluciones a enfermedades, como las virosis, transmitidas por insectos – que a su vez actúan como plagas – algo que nos hace diferentes frente a otros países europeos, donde los retos están asociados a enfermedades provocadas por bacterias u hongos.
Para el agricultor el beneficio de nuestra investigación se traduce en reducir costes, minimizar riesgos con variedades resistentes a enfermedades, plagas o condiciones climáticas difíciles, mientras que para el consumidor final la ventaja es que puede tener a su alcance productos más saludables o apetecibles.
Monsanto es la compañía con mayor número de centros de investigación en hortícolas en España, con 4 centros complementarios entre Almería y Murcia; lo que nos permite trabajar en distintas condiciones de cultivo y con distintos patógenos:

  • 1 centro, en Almería (San Nicolás), que permite la adecuada interacción entre los mejoradores y el equipo de desarrollo de productos.
  • 2 centros con condiciones singulares para la mejora: uno Almería (El Ejido) de cultivos protegidos y otro en Murcia con condiciones de aire libre.
  • 1 centro en Almería (Níjar) con unas condiciones climáticas adaptadas a la mejora genética de cultivos destinados a otras zonas agroclimáticas.
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P: ¿Cuál es su papel principal en él?
R: Yo soy la coordinadora de los proyectos de investigación relacionados con enfermedades de hortícolas en España. En España, estamos enfocados fundamentalmente en buscar resistencias a las principales enfermedades, mayoritariamente virosis, de cultivos hortícolas cómo tomate, melón, pepino, calabacín y pimiento.

P: ¿Cree que la investigación está apoyada por la sociedad? Si no es así, ¿qué es lo que falla?
R: Nosotros en la división de Hortícolas de la empresa, trabajamos con mejora convencional, tal y como se ha hecho desde que se conoce la agricultura. Para acelerar nuestros procesos de mejora aplicamos la tecnología que Monsanto nos proporciona siendo muy eficientes en nuestras investigaciones. Yo no veo que haya ningún problema de aceptación por la sociedad. De hecho, cuando enseñamos nuestras instalaciones e investigaciones a nuestros clientes, es decir a los agricultores, siempre se muestran muy satisfechos de que estemos investigando para dar soluciones a los principales problemas de plagas y enfermedades que les ocasionan importantes pérdidas económicas.

P: ¿Qué opina sobre los transgénicos? ¿Por qué cree que la sociedad está en contra?
R: Cómo científica e investigadora tanto en organismos públicos como en la empresa privada, estoy totalmente a favor de los transgénicos. Creo que la sociedad tiene un gran desconocimiento de este tema. Hay muchísimos científicos de gran reputación que estudian y apoyan los transgénicos: David Baulcome, Paul Christou (Lleida), George Lomonossoff… entre otros. De hecho este último, tiene trabajos fabulosos en los que utiliza transgénicos para generar vacunas.
Los cultivos transgénicos son los más estudiados y evaluados, más que los que se emplean en agricultura convencional- y ecológica. Para su aprobación, la Autoridad competente, en el caso de la UE la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), evalúa que su nivel de riesgo sea igual al de sus homólogos convencionales y para ello se realizan diferentes estudios sobre los genes introducidos, las nuevas proteínas que confieren a la planta nuevas características y las plantas que han sido mejoradas.
Cada día ingerimos millones de bacterias a través de los alimentos o como parte integrante de los mismos (por ejemplo el yogur). En el estómago y durante el proceso digestivo “de-construimos” los genes y proteínas que ingerimos (sería como deshacer una construcción de Lego a los bloques básicos) para después construir nuestras propias moléculas (volvemos a construir con los bloques de Lego nuestras proteínas) y esos “bloques” elementales son exactamente iguales en todos los seres vivos. No hay ningún traspaso de material genético o proteínas de los OGMs a nuestro cuerpo, del mismo modo que no hemos adquirido la función de realizar la fotosíntesis por mucha lechuga que comamos, o no nos salen cuernos, aunque nos alimentemos exclusivamente de carne de vaca. Además, y para doble marchamo de seguridad, en los estudios que se llevan a cabo antes de autorizar un OGM se comprueba que los nuevos genes o proteínas se degraden en los jugos digestivos y que los animales alimentados a dosis muy superiores a las que se verán expuestos en condiciones reales tengan un desarrollo idéntico al de animales que consumen la planta no OMG. Un ejemplo es que los estudios con ratones y el evento MON810 de Monsanto, demuestran que la nueva proteína que confiere al maíz resistencia al taladro (idéntica a la que se emplea en producción ecológica) se degrada en segundos en los jugos digestivos del estómago y no tiene efectos nocivos en animales cuando es ingerida a una dosis 20 millones de veces superior a la posible exposición vía oral.
Los cultivos transgénicos llevan cultivándose en el mundo desde 1996, se han consumido billones de raciones de alimentos procedentes de ellos y, hasta la fecha, no hay ningún caso de efecto negativo para la salud humana, registrado y avalado por las autoridades competentes. Tampoco lo hay para la fauna ni para el medio ambiente.

P: Alguna cosa qué desee añadir
R: Los cultivos genéticamente modificados son una herramienta y como tal, parte de la solución para atender todas las necesidades de producción de alimentos, de la que no debemos prescindir. Hay que combinar esta herramienta con otras y las mejores prácticas según cada cultivo y los problemas de producción que existan.
La urgencia de producir más alimentos de una manera segura y sostenible comienza con una población mundial en rápido crecimiento. Hoy hay un 61% más de personas en el planeta que había en 1980. Las Naciones Unidas pronostican otro aumento del 35 por ciento de la población de aquí a 2050. Hemos más que duplicado la población mundial en una sola generación. Eso nunca había sucedido antes. {Fuente: http://esa.un.org/unpd/wpp/}.
Esto no es sólo teoría, los organismos internacionales estiman que 900 millones de personas se acuestan con hambre cada noche y dos terceras partes de ellos (600 millones) son agricultores y sus familias. El problema de distribución de alimentos no lo van a resolver los transgénicos pero pueden añadir un grano de arena para que las producciones locales mejoren en algunos casos.
Por desgracia, el propio planeta no está creciendo junto con nosotros. Para alimentar a la población actual, cultivamos una masa equivalente a la superficie de tierra en América del Sur.
Por el bien de nuestro medio ambiente, no podemos simplemente crear más tierras de cultivo a expensas del hábitat natural. Debemos cultivar más alimentos en la misma cantidad de tierras de cultivo mediante el aumento de la productividad. Durante alrededor de 90 años, vamos a pasar de tener un promedio de 2.5 hectáreas de tierras de cultivo por persona (año 1961) a menos de 8/10 de hectárea (año 2050).
La solución pasa por producir más con menos recursos (agua, suelo, energía), ser más eficientes. Eso es la agricultura intensificada sostenible, basada en el uso de tecnologías, técnicas y prácticas de cultivo.
Monsanto contribuye con todo esto con la mejora genética (semillas), biotecnología, sistemas integrados de cultivo y agricultura de precisión, productos biológicos y microbianos, manejo del riesgo meteorológico (“The Climate Corporation”).

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